Tal vez fuera porque últimamente me sentía más sola o quizás
por esa brisa con olor a pasado que me sacudió el pelo… realmente no sé qué me
hizo volver a ti, a tu sonrisa, a tus tonterías, a tus miradas sólo mías… a
todo lo bueno, pero el caso es que volví. Allí estaba yo, de pie a 3 metros de ti y tú no podías
verme, como en “un cuento de navidad” en que el fantasma del pasado me llevaba
a visitarte para hacerme ver lo que entonces no había sido capaz. Sin embargo,
había una diferencia, no estaba contemplando un solo momento sino que los vivía
todos simultáneamente, lo mejor de cada uno. Y tras noches y noches de “regreso”,
te eché de menos. No me malinterpretes, no añoraba tus besos, ni tus encuentros
furtivos, ni tampoco tu amor… lo que añoraba era simplemente a ti, a tu compañía,
a nuestra confianza, a tu “estar”. Al fin y al cabo habías estado mucho tiempo,
y aunque tu me odiabas y tu vida me había olvidado, la mía a ti no, y estaban
pasando muchas cosas.
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